Unos días al mes, sí esos, me convierto en un objeto animado. Carezco de la energía vital que los demás dicen que me caracteriza. Me convierto en un ser humano común y corriente, sin exceso de energía, ni de entusiasmo, ni de ideas, ni de nada. En esos días lo primero que me pasa es que me siento frágil, MUY frágil, y absolutamente impotente. Estoy segura que todo va a salir mal y que nada vale la pena. Miro a mis hijos y pienso que es probable que para ellos el futuro sea una tragedia de rendición de cuentas con una sociedad que no les va a mirar con ninguna misericordia. Miro mi vida laboral y me arrepiento de todo aquello que me es caro, como saber trabajar por amor y no por dinero, y poner primero los deseos de los demás que los míos. Ambos son horrores estructurales para el sistema de valores en el que estoy inmersa. En estos días veo con toda claridad la magnitud de mis irresponsabilidades, y me siento sola y pequeña y equivocada. Y solo quiero un par de memorias de estar arrunch...
10 años de desescolarización, maternidad y feminismo(s)