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22 de noviembre

Sobre la fibromialgia: Las pastillas que me recetaron funcionan. El dolor en las muñecas continúa pero es muy manejable, sa ha convertido en una especie de calor, que a veces desespera (vivo en una ciudad a 30 grados centigados) pero es preferible a la inmovilidad. Me estoy haciendo todos los examenes, me cuido...pero no me siento nada enferma. Solo he sentido algunos cambios emocionales por lo cual comencé a ir al psiquiatra y empecé una divertida y confrontadora psicoterapia.

Sobre mi: La semana pasada de repente, de un golpe, me di cuenta de una cosa. Va a sonar a una tontería. Pero no lo es. Juro que no lo sabía. Me di cuenta que yo podía ser mala. Mala no, malísima. Que yo voluntariamente podía orientar mis esfuerzos en la dirección del dolor de otros. Y que tenía éxito porque les dolía. Fue una realización interesante, una forma de poder que no había explorado nunca. Yo siempre he sido dura, ejerzo una crítica voraz y frentera, pero la intención que me habíta no es el dolor sino el crecimiento. Es posible que la diferencia en el comportamiento al final no fuera lo importante, es decir a veces he sido cruel y violenta por intentar "mejorar a alguien", pero la intención, lo que adentro subyace como la causa si era opuesta. Probé el veneno de "hacer el mal" sólo por hacerlo a ver qué pasaba. Por un momento asumí la moralidad mucha de la gente que me rodea: las bacrim, los políticos...no se... la gente que uno juzga como equivocada. Por supuesto, no soy capaz del dolor físico, no intencionalmente. Pero ejercí con intensidad un dolor, y asumí las consecuencias en diversos planos.

La primera y más dura fue la realización de que por más que lo intente no seré perfecta. Que siempre habitará en mi un ser capaz de ser horrible. Pero no soy yo. Es solo una parte de mi. Me di cuenta que mi lectura de mi misma era totalizante: o buena o mala. Completamente religiosa. Soy una monjaaaaaaaaaaaaa! JAjajajaja. Una rara, sí, pero al fin, muy moralista. COn el ánimo de ser coherente, dejé de permitirme ser...y fue liberador dejarme cometer una gran equivocación.

Pero como causé daño, tenía que asumir y repararlo. Casi no lo logro puesto que la gente victimizada le tiene miedo al victimario. Fue durísimo, pero reparador pedir las disculpas. Estoy acostumbrada a ser intimidante, a que la gente se sienta como mal en mi presencia por cosas de mi personalidad. Pero eso no es "intencional". Esto lo era. Fue diferente. Tenía que asumir por primera vez una verdadera culpa. UNA VERDADERA CULPA. Y me di cuenta de que las culpas que me cargo no lo son. Interesante para una mujer que se dice todo el día que la comida no es suficientemente buena porque no tiene tiempo para hacerla, que no hay suficiente dinero porque no sabe admisnitrarlo, que no esta suficientemente limpia la casa porque no ejerce supervision sobre la empleada, que no rinde suficientemente en el trabajo por dedicarle tiempo a los hijos y al médico, que no es buena amiga porque no tiene tiempo de llamar, que ... ay....que cansancio.Y que contraste.

Perdí a la persona. Con razón, no sabe si me puede perdonar. Agradecí mucho la valentía de venir a enfrentarme, tenía miles de razones para desconfiar. Eso ya me pareció un acto de amor...por el cual esperaré a ver si llega alguna vez mi tiempo de nuevo. 

Dormi muy bien, adolorida y feliz. Y adolorida y feliz, y adolorida y feliz. Repuesta en muchos sentidos. Entendí que soy un ser capaz de infligir dolor intencionalmente y no intencionalmente. Que el dolor del primer tipo se asume con entereza y esfuerzo. Y entendí que me hago mucho daño con lo que pienso de mi cuando pienso mal. QUe ninguno de esos pensamientos se acerca a la realidad de lo que es la verdadera culpa y que solo lo hago por usar para algo un cerebro inquieto, en mi contra. Que la víctima mayor de dolor intencional soy yo hacia mi misma y que debía detenerlo haciendolo cosciente. Eses sera el trabajo.

El psiquiatra me recomendó dos preguntas que comparto con uds. porque me son muy útiles: por qué siento esto? Y a la respuesta que de la cabeza responder a su vez...tengo evidencias de que esto es real?

Entonces (por fin) tendré que hablarles del 22 de noviembre. Uno de mis pensamientos automaticos es "nadie me quiere lo suficiente" en clave de "yo daria la vida por::: y en cambio...", "yo defiendo con los dientes a ... y en cambio...", "yo nunca olvido ... y en cmabio...". Muy feo. Y a veces muy real. NO se como explicarlo en palabras.

Y ...busco las evidencias. La lógica me dice que mis hijos me adoran, que le importo a mi abuela, que muchos de los humanos de mi trabajo creen en el, que mis amigos en la distancia me acompañan y me siguen con intensidad y cariño, que Andrés nunca falta con N mayúscula, que mi papá me adora y me habla como bebé, que mis hermanos están pendientes, que mis amigas aquí se han preocupado mucho por mi, que martha y libia me tratan como a una hija malcriada...ay por dios! 

Pero el 22 de noviembre, no tuve que racionalizarlo. El día estuvo lleno de una intensa belleza que escribo aquí para no olvidar jamás. Fuimos invitados al cabildo indígena de membrillal a un evento. Los indígenas, sin decirlo al principio y al final diciéndolo con ternura y sencillez, me dotaron de un lugar de amor e importancia. Pero no un lugar de "patrón" en el que ellos se humillan para que la doctora esté comoda. NO! Justamente otro. HIcieron un evento en el que ellos se sentían los importantes, ELLOS miraban a los ojos y exigían y me hicieron sentir (sin decirlo) que era parte de nuestro proceso y nuestra relación en el trabajo. Yo los he acompañado, regañado, formulado, y tratado con el mayor amor y cuidado que he podido desde que los conocí en marzo. Al final me llamaron el angelito que les mandó dios, y este gesto de ternura me pareció lindísimo. Pero hubo muchos pequeñitos e imperceptibles pero emocionantes: su mirada directa a mis ojos al hablar en público (no solían levantar la cabeza), el orden en el que sirvieron el sancocho, los saludos de muchas mujeres y la alegría legítima de vernos mutuamente las caras, los abrazos, la chicha de maíz, gestos, pequeños gestos que si uno quiere ignorar no ve que son la expresión de que a uno la gente lo quiere. 

LLovió, nuestra camioneta se quedaría en el fango, así qeu el chofer (cobardemente a mi parecer, yo me hubiera lanzado) decidió dejarla y que salieramos a pie. Fueron 90 minutos de caminata (so solo 2 .7 kms. imaginense la calidad del camino), bueno de "resbalata" bajo sol, lluvia y barro. HAbía dos posibilidades: amargarme y reirme. Yo le tengo miedo a los bichos y aunque soy superguerrera y "palasquesean", meter mi patica descalza en el lodo y en las quebradas...me producía terror. Pero no soy quisquillosa. Así que preferi la risa. El indígena que me ayudaba se llamaba Sergio. Yo no daba ni un paso firme. Me quite los zapatos. Me los puse. Me los volví a quitar...puf. El me miraba y se notaba en los ojos que se reía de mi, pero le daba mucha pena hacerlo en voz alta. yo estaba muerta de la risa. LA risa expresa a la vez alegría y miedo, perfecta para la situación. Me reí los 90 minutos. De la risa me caí, y al final las carcajadas de Sergio ante mi torpeza eran tan estrepitosas como las mías. Estaba muy feliz. Recordé que yo soy de terreno, de afuera )de viento, de lluvia, de barro, de mar, y de sol), de allá. Y que aunque sin destreza....lo importante no eso, sino ir...hacerlo..poder. Salí de ahí con mucho barro y un brillo en los ojos que había olvidado. LLevaba mucho tiempo encerrada en mis ensamientos automáticos, no dejando que el afuera verdadero entrara, encerrada en mi casa como trinchera de mi guerra contra mi. Con esa limipieza energética y muertos del cansancio volvimos a cartagena.

Y...como ya los sabía pero la vida me lo tiene que recordar, la buena energía es magnética. Marta me esperaba en casa con chocolate y tostadas ya que venia empapada y congelada de frío. LLego a visitarme un amor bonito que estaba lejos y cuya presencia es luz y alegría en mi vida. NO lo veía desde hacía días...mucho menos me arrunchaba en sus brazos un rato para calentarme sin pensar en nada más. Me visitó una amiga con su hija, y una amiga espiritual que vive en PAris y no se porque pero me arregla la vida, y salimos todos a dar un caminata hacia ninguna parte...y llegamos  auna hermosa pizzeria que se llama aguanile a pasar un rato.

Allá nos alcanzó el infaltable Andrés, y Mari que llevo a Ari a quien habia querido abrazar y acompañar pero no sabía como. Y estaba PIli y su amiga...y ese circulo maravilloso de personas excepcionales era posible por mi...y me sentí de nuevo tan privilegiada...tan querida.

Y entendí. Era la noche de acción de gracias. Una de las que no planee porque por estar sumida en mis automatismos irracionales pensé que nadie vendría porque a nadie le importaba. Así es la vida...dura, exigente y hermosa.

UN recursito que me encontré: http://www.psikologo.biz/gaztelania/04_ayuda/04_ayuda_01_descubrir.pdf

Comentarios

madame web dijo…
Me da tristeza y alegría leer este post. Tristeza porque, sin quererlo, me estoy perdiendo un montón de tu vida...se que suena estúpido, pero el poco tiempo que pasamos juntas fue como de toda la vida y eso me da tristeza. Y mucha alegría porque veo que eres feliz, que a la larga es lo único que importa, feliz de esa manera que es tan tuya.
Y nada, besos y abrazos desde el Sur.
Te amo!
ana dijo…
yo a vos... serás siempre una parte grandota de mi vida
Es fascinante leerte, te mando besos, espero poder almorzar un dia contigo.

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