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Respuesta a un anónimo

Bueno, como uno escribe en estas cosas para que le den palo, pues palo llevo! Pero con derecho de respuesta. Lo primero que debo decirle a mi lector o lectora es que no es lo mismo lo que escribo en el blog, sobre todo la forma en la que digo las cosas en el blog, como la forma como hago las cosas con mis hijos. Tal vez hizo falta este relato, para que puedan uds juzgar, con mejor perspectiva si lo estoy manejando bien o mal. Eso es lo único que puedo decirte sobre esta frase:

Pero lo lamento profundamente por la forma como lo estás manejando con Rosario y Ridrigo

Creo, y es por mi culpa, que no sabes cómo lo estoy manejando con ellos. Así que postearé al respecto:

En una revolución de sentimientos y soledades que me caracterizó en enero de este año, empecé a sopesar si irme a Bogotá o quedarme en Cartagena. ¿Pero cómo sortearía mi falta de red de apoyo aquí? Sin el papá de los chicos, sin hermanos míos, sin los tíos, sin los abuelos, sin amigas con hijos similares a los míos (así sea solo en la edad), sin suficientes oportunidades complementarias de educación más formal (como talleres de biblioteca y museo, parques maravillosos, exposiciones temporales, o esas cosas que los Bogotanos tiene el privilegio de disfrutar), la desescolarización es más difícil. Y este enero me tocó aceptar que ser madre cuasi soltera desescolarizadora, conseguir dinero para vivir, y sacar adelante una empresa son imposibles simultáneamente. Y cedí.

Un poco por la carga emocional que le cedo al colegio al delegarles la responsabilidad, y un poco porque en el mundo de los seres humanos de carne y hueso... estoy cansada. Es cierto que en enero de 2011 eso se hizo imposible. Pero ha sido posible desde octubre de 2008 cuando llegué a Cartagena. He sacado adelante, con poquísima ayuda y mucha entrega, mi proyecto de desescolarización aún en las circunstancias (económicas, laborales y sobre todo culturales más adversas). Pero me cansé. Mucho. Y agotada mi energía vital, creí necesaria su renovación. Como el dinero no da espera, y la Fundación es el nuevo recién nacido de mi casa, los niños cogieron para el colegio menos peor que encontré.

Antes de BUSCAR colegio, por supuesto (la decisión no podía ser unilateral), comimos helado Rosario, Rodrigo y yo a solas. Hablamos de Bogotá y de Cartagena. Rosario valora muchísimo su clase de karate, más que pocas cosas en la vida. Eso la hizo decir que prefería quedarse en Cartagena. Rodri dijo que le gustaban ambas, pero que en Bogotá tenía más amigos, que quería tener amigos de su edad (uno de mis "issues" más apremiante que no he podido resolver). Yo también les dije que me gustaba mucho mi vida de Cartagena, el sol, la gente, el mar, la piscina, los retos, la libertad...que que el costo era una soledad muy nuestra que nos caracterizaba por ser "no convencionales". Yo siempre les he hablado mucho de la diferencia para que cuando los traten como "diferentes" se sientan bien y no mal, y para que sepan que la diferencia aunque perseguida y ocultada, es un valor, el valor de la dignidad, de la unicidad (uniqueness), de la individualidad.

También les dije así en mas o menos las mismas palabras lo que les acabo de escribir. Les dije que yo tenía el sueño de que FEM fuera muy grande pero que en este momento solo podía trabajarle yo, y para sacarlo adelante solita, necesitaba descansar un poquitico. Poder estar un tiempo dedicada SOLO A TRABAJAR, sin sentir que los descuidaba tanto. Que alguien responsable me rendiría cuentas de vez en cuando y me informaría sobre los avances. (No solo mi intuición y mi deseo). Que entre dejarlos con una empleada de servicio nueva (cambié hace 1 mes) y dejarlos en un colegio, prefería el colegio por la socialización y por el nivel de competencia, aunque la verdad la diferencia no es tan grande. Les dije que ser mamá era difícil, que a veces yo necesitaba sentirme apoyada de verdad en alguien a quien le importara (por la razón que sea al colegio eso le importa), que ellos aprendieran cosas cada día. Y que, sin red de apoyo, era muy difícil. Muy difícil, muy, ser mamá. Que yo quería estar para ellos cuando estuviera con ellos, y que en los últimos meses sentía que ni hacía lo que ellos necesitaban ni lo que la empresa necesitaba.

Les dije que ellos sabían que yo odiaba el colegio. Pero que los había educado desde pequeños para no heredar prejuicios, sino para sacar conclusiones propias. Y bueno, que aunque era un gran fracaso para mi reconocer que necesitaba un colegio para apoyarme, si ellos estaban de acuerdo, lo intentaríamos. Rosario reaccionó de inmediato, no como lo esperaría uno. LLoraba porque creía que los deberes escolares le impedirían seguir en karate. Yo le prometí que yo valoraría karate tanto como ella y que le daríamos prioridad, que nunca usaríamos como pretexto las tareas para no ir a karate. Le aseguré que la respaldaría en esto, siempre y cuando ella hiciera el esfuerzo necesario por cumplir con el colegio. De ahí en adelante, ROsario se puso dichosa. Me dijo que le parecía bien intentar algo nuevo, que era emocionante y que de todos modos, si no le gustaba se podía salir. Yo le dije que sí, pero que nos diéramos mínimo 6 meses para juzgar, que no se podía estar metiéndose y saliéndose de nada en la vida. Fue un acuerdo. Rodrigo, siempre estuvo involucrado, pero su postura fue: Si Rosario esta feliz, yo también. Y como a ROsario, como a mi, nos entusiasma lo nuevo...pues aventuramos! Puede ser que nunca te gustó la guayaba, pero si es lo único que hay, y estas en una hambruna, te veré comer jalea, y chuparte hasta los gusanitos. (para usar la analogía de la lectora).

Durante la semana de búsqueda yo lloraba mucho. Fue la semana que no pude escribir. NO podía ni verme en el espejo. ME daba vergüenza no darle la talla a mis convicciones. Y el viernes de esa semana, con la opción decidida, una bellísima mujer de 8 años llamada ROsario se sentó frente a mi y me dijo mirandome fijamente a los ojos: esto de entrar al colegio es dificil para ambas, mami. Yo estoy haciendo lo mejor que puedo, y estoy emocionada, tengo ganas y curiosidad. Me encantan los útiles, los libros nuevos, mi maleta. QUiero intentarlo! Pero si te veo llorando todo el tiempo cómo crees que me voy a sentir?

Yo le dije, tienes razón. Pero debes entender que educarte en casa era uno de mis grandes sueños. GRandes. GRandes. Y que la institución escolar es un fiasco, lo sé de lejos. Y ver fracasar un sueño no es fácil. Entonces ella me preguntó que como sabía que había fracasado, que ella había entrado al mismo curso de las chicas de su edad, que estaba contenta por eso, y que lo ahbía hecho casi sin esfuerzo.Yo le dije, de todas maneras que me diera el fin de semana para terminar mi duelo, y que yo le prometia que desde el día que entraba a clases yo me "ponía la camiseta" y lo tomaba con la mejor energía que me fuera posible.

Esa es la energía que me permite levantarme a las 515 am todas las mañanas. Es la energía que uso para dejar las onces y los desayunos de la semana hechos para que me rinda el tiempo. LA energía que uso en acompañar tareas que considero torpes y aburridas, durante 2 horas por las tardes. La energía de las horas que pasamos aprendiendo de para atrás para cumplir los logros de 1 y 2do, con el fin de "llenar las falencias" (es decir, de completar el currículo oficial que está lleno de tonterías, porque en el nuesro había otras cosas...o díganme, cuántos de uds. pueden tocar más de 30 ritmos percutivos en tambora y alegre, cuántos saben navegar velero desde los 6 años, cuántos aprendieron solos a leer, cuántos manejan acuarela, óleo y lápiz, cuántos tienen un mecano electrónico desde los 3 años para hacer construcciones eletrónicas, cuántos conocen a TODOS LOS PERSONAJES de la mitología griega, y CUANTOS, sobre todo CUANTOS, tienen una tolerancia al cambio tal que les permite enfrentarse a lo desconocido y satanizado con la mejor actitud, la frente en alto, y la fortaleza espiritual del reto y la aventura?)

A ver, ¿cuántos?

P.D. Rodrigo me cuenta todos los días, lo bueno, lo malo, lo feo, lo caro, lo bonito, y más.

Ah...y una cosita más...en mi cassa hay una sola ley: cada uno es un individuo. Hay libertad de expresión, de pensamiento y de creencia. Yo puedo aborrecer el colegio. Rosario puede amarlo u odiarlo. No por eso dejaremos de ser la familia que somos. El amor todo lo puede.

Comentarios

madame web dijo…
Y bueno...no estoy del todo de acuerdo con eso de que escribir acá es para que le den palo a uno...y mas si es un blog tan personal como el tuyo...bueno, mas bien intimo...porque cuentan (Rosario, Rodrigo, el papá y tu) las experiencias de tu familia...o sea, nadie ha vivido lo que vos como para criticarte...y si el comentario del anónimo te genero una reflexión esta bien porque todo es un proceso y mas si hablas de educación y pedagogía...pero eso no le quita que hables de tu vida...y nosotros los espectadores (anónimos o no) solo tenemos derecho a observar y comentar...pero nunca a criticar y juzgar.
Por lo menos yo lo veo así.
ana dijo…
Pues madam, que critiquen y juzguen anonimamente, es solo eso. Y uno tendría la opción de no ponerse en evidencia aquí en público como lo hago, ves? Jajajjaa.
Jann dijo…
igual que Ana con el blog la gente se expone a que lo juzqguen a que lo critiquen y a que digan lo que se les de la gana.

Me encantó la reflexión
Madalen Goiria dijo…
Ana María, hace como más de un año que no me pasaba por tu blog, y algo me ha debido atraer esta tarde a él porque lo he abierto y he visto tu valentía. Os deseo lo mejor en esta nueva etapa, a los tres. Besos
vilmati dijo…
Ana, teleo desde hace 4 años. No siempre paso seguido por acá, pero cada tanto vuelvo y leo hacia atrás. Me emocioné mucho con esta entrada.Pude sentir lo que sentías. El sueño, cumplido a medias, habiendolo puesto todo, tiempo, corazon energias, cerebro. Me pude imaginar cómo estabas. Y en el medio de todo, la forma en que mantienes la conversación con esos seres maravillosos que son tus hijos. La manera de pensar y expresarse de Ro.
Haz hecho un trabajo maravilloso y lo seguirás haciendo. Es un camino. No concluye. Dobla.
Y sigue.
Besos!
Anónimo dijo…
Alegrías, salud y las mejores energías.
La aventura del conocimiento, el aprendizaje y la transformación continua.
Erwin Fabián
ana dijo…
Gracias a todos...sí, la vida es descubrirse
Ana P. dijo…
Anita, nunca, JAMAS, vuelvas a mencionar la palabra fracaso, especialmente si has criado una hija que a los 8 años te habla como te habló Rosario.

Me emocionó leerte hasta las lágrimas...
Anónimo dijo…
Los padres Le proyectamos a los hijos que todo lo podemos, que siempre tenemos la razón, que nada nos embate, que somos superman. Por lo menos así recuerdo a los míos desde el Angulo de mi niñez: Ídolos. Pero resulta que los superhéroes que tenemos como progenitores tienen su propia historia llena de frustraciones, miedos, incapacidades, dolores, tristezas entre otras humanidades. “Que el niño no me vea llorando” …error. Mostrar en casa que podemos pensar diferente, que podemos estar equivocados y que no por eso somos menos personas o nos van a querer menos es una de las lecciones más importantes que debemos aprender para la vida. Es urgente mostrarnos como simples mortales así. Y que no le tengan miedo al miedo, ni a la tristeza y mucho menos a replantearse la vida… es un derecho carajo! Muy bien Ana, porque los hijos no son otra cosa que compañeros de vida.
ana dijo…
Ufff. Gracias. Menos mal sí se vale ser humano frente a los hijos, porque es tal vez lo qeu más he sido. Lloro, pido disculpas, me río de los errores, me enojo, me descontrolo, reconozco que me descontrolo, me asusto (me acuerdo un día que vino una cucaracha y yo en vez de enfrentarla, corri a donde rosario para que nos encerráramos los 3 en el cuarto y no saliéramos hasta el día siguiente....jhahahaha), vivo. Y Rosario un día me dijo. Yo te quiero así, eres mi mamá. Y eso me dio toda la fuerza del mundo.
Ipe dijo…
Hola, nunca había entrado en tu blog... y me quito el sombrero. Recién te conozco y me admiro de tu fuerza vital.

Un millón de gracias por compartir las flaquezas, yo también me siento fracasada en lo importante la mayor parte del tiempo... pero hay que vivir. Antes que nada hay que vivir.

Cariños inmensos,

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