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martes, 21 de agosto de 2012

ENTRADA 950

Este fin de semana nos salió super bonito. El sábado nos quedamos en casa, viendo pelis, jugando y haciendo poco. Por fin terminé mi escritorio y organizamos los materiales de l@s chic@s en una zapatera que usábamos en la casa anterior. Quedó super bonito! Y dan ganas de salir a pintar! Uno de estos días me iré a la muralla con los pollos a pintar la bahía. Como quede.

En fin...el sábado vimos a Pipo y Elsa (mis tíos abuelos) que pasaron por Cartgena y nos invitaron a pasar el día. Fue lo máximo. Aunque llovió y no pudimos ir a la piscina como queríamos, tuvimos una larga conversación sobre mi vida, sobre quiénes somos los que los que migramos hacia CGN y sobre cómo las familias extensas se conocen pero no se conocen. Se ven un par de veces al año, pero no saben lo que pasa. Se sorprendió de saberme. De sabernos. De entender muchos por qués que se había preguntado en silencio sin haberlos explicitado nunca. Nos tomó 35 años de dolor y silencio. Pero valió la pena. Muchísimo. Lloramos, nos abrazamos, nos dimos cuenta que nos queríamos y nos importábamos muchísimo más de lo que nuestras acciones mutuas demostraban.

Fue un reencuentro familiar de una familia que nunca se supo perdida. Lastimosamente los quiebres de información, en este caso tienen responsables. Hay una parte abiertamente mal intencionada, exagerada, cruel y negativa. Históricamente conocida como disociadora e hipócrita. Pero además hay una parte que tomó la verdad de esa parte como verdad absoluta, aún sabiendo de sus características. No se preocupó nunca de indagar, de saber por sí misma y con sus propios ojos lo que estaba sucediendo. Y en ese letargo perezoso de buscar, de saber en esa especie de amnesia autoinmune, causaron mucho dolor con el silencio cómplice. Por último estoy yo que aunque tengo personalidad de locomotora para unas cosas...para otras soy una vil hueva. Nunca me di a concer lo suficiente para que quienes escucharon lo malo tuvieran un criterio. Al contrario, con mi actitud rebelde, mi pelo, y mis acciones (union libre, hijos desescolarizados, etc) lo que hice fue constatar una serie de prejuicios sobre mi que aunque desconocía, pude haber podido sospechar.

Me alegré mucho que fueran solo 35 años. Suena extraño. Pero es cierto. Pudieron haber muerto creyéndome una harpía loca. Pudieron haber excluído y mantenido a mis hijos apartados como alguna vez me pasó a mi, e imagino a mi mamá...

Pudo haberse repetido la historia. Pero no lo hizo. El amor fue más fuerte.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Lectura muy oportuna e interesante


La Soledad y la Desolación, por Marcela Lagarde


Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía, porque desde muy pequeñas y toda la vida se nos ha formado en el sentimiento de orfandad; porque se nos ha hecho profundamente dependientes de los demás y se nos ha hecho sentir que la soledad es negativa, alrededor de la cual hay toda clase de mitos. Esta construcción se refuerza con expresiones como las siguientes "¿Te vas a quedar solita?", "¿Por qué tan solitas muchachas?",  hasta cuando vamos muchas mujeres juntas.
La construcción de la relación entre los géneros tiene muchas implicaciones y una de ellas es que las mujeres no estamos hechas para estar solas de los hombres, sino que el sosiego de las mujeres depende de la presencia de los hombres, aún cuando sea como recuerdo.
Esa capacidad construida en las mujeres de crearnos fetiches, guardando recuerdos materiales de los hombres para no sentirnos solas, es parte de lo que tiene que desmontarse. Una clave para hacer este proceso es diferenciar entre soledad y desolación. Estar desoladas es el resultado de sentir una pérdida irreparable. Y en el caso de muchas mujeres, la desolación sobreviene cada vez que nos quedamos solas, cuando alguien no llegó, o cuando llegó más tarde. Podemos sentir la desolación a cada instante.
Otro componente de la desolación y que es parte de la cultura de género de las mujeres es la educación fantástica par la esperanza. A la desolación la acompaña la esperanza: la esperanza de encontrar a alguien que nos quite el sentimiento de desolación.
La soledad puede definirse como el tiempo, el espacio, el estado donde no hay otros que actúan como intermediarios con nosotras mismas. La soledad es un espacio necesario para ejercer los derechos autónomos de la persona y para tener experiencias en las que no participan de manera directa otras personas.
Para enfrentar el miedo a la soledad tenemos que reparar la desolación en las mujeres y la única reparación posible es poner nuestro yo en el centro y convertir la soledad en un estado de bienestar de la persona.
Para construir la autonomía necesitamos soledad y requerimos eliminar en la práctica concreta, los múltiples mecanismos que tenemos las mujeres para no estar solas. Demanda mucha disciplina no salir corriendo a ver a la amiga en el momento que nos quedamos solas o a buscar un sustituto: comida, compras, etc.. La necesidad de contacto personal en estado de dependencia vital es una necesidad de apego. En el caso de las mujeres, para establecer una conexión de fusión con los otros, necesitamos entrar en contacto real, material, simbólico, visual, auditivo o de cualquier otro tipo.
La autonomía pasa por cortar esos cordones umbilicales y para lograrlo se requiere desarrollar la disciplina de no levantar el teléfono cuando se tiene angustia, miedo o una gran alegría porque no se sabe qué hacer con esos sentimientos, porque nos han enseñado que vivir la alegría es contársela a alguien, antes que gozarla. Para las mujeres, el placer existe sólo cuando es compartido porque el yo no legitima la experiencia; porque el yo no existe.
Es por todo esto que necesitamos hacer un conjunto de cambios prácticos en la vida cotidiana. Construimos autonomía cuando dejamos de mantener vínculos de fusión con los otros; cuando la soledad es ese espacio donde pueden pasarnos cosas tan interesantes que nos ponen a pensar. Pensar en soledad es una actividad intelectual distinta que pensar frente a otros.
Uno de los procesos más interesantes del pensamiento es hacer conexiones; conectar lo fragmentario y esto no es posible hacerlo si no es en soledad.
Otra cosa que se hace en soledad y que funda la modernidad, es dudar. Cuando pensamos frente a los otros el pensamiento está comprometido con la defensa de nuestras ideas, cuando lo hacemos en soledad, podemos dudar.
Si no dudamos no podemos ser autónomas porque lo que tenemos es pensamiento dogmático. Para ser autónomas necesitamos desarrollar pensamiento crítico, abierto, flexible, en movimiento, que no aspira a construir verdades y esto significa hacer una revolución intelectual en las mujeres.
No hay autonomía sin revolucionar la manera de pensar y el contenido de los pensamientos. Si nos quedamos solas únicamente para pensar en los otros, haremos lo que sabemos hacer muy bien: evocar, rememorar, entrar en estados de nostalgia. El gran cineasta soviético Andrei Tarkovski, en su película "Nostalgia" habla del dolor de lo perdido, de lo pasado, aquello que ya no se tiene. Las mujeres somos expertas en nostalgia y como parte de la cultura romántica se vuelve un atributo del género de las mujeres.
El recordar es una experiencia de la vida, el problema es cuando en soledad usamos ese espacio para traer a los otros a nuestro presente, a nuestro centro, nostálgicamente. Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias.
En la subjetividad de las mujeres, la omnipotencia, la impotencia y el miedo actúan como diques que impiden desarrollar la autonomía, subjetiva y prácticamente.
La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posiblidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo.
Necesitamos romper ese diálogo interior porque se vuelve sustitutivo de la acción ; porque es una fuga donde no hay realización vicaria de la persona porque lo que hace en la fantasía no lo hace en la práctica, y la persona queda contenta pensando que ya resolvió todo, pero no tiene los recursos reales, ni los desarrolla para salir de la vida subjetiva intrapsíquica al mundo de las relaciones sociales, que es donde se vive la autonomía.
Tenemos que deshacer el monólogo interior. Tenemos que dejar de funcionar con fantasías del tipo: "le digo, me dice, le hago". Se trata más bien de pensar "aquí estoy, qué pienso, qué quiero, hacia dónde, cómo, cuándo y por qué" que son preguntas vitales de la existencia.
La soledad es un recurso metodológico imprescindible para construir la autonomía. Sin soledad no sólo nos quedaremos en la precocidad sino que no desarrollamos las habilidades del yo. La soledad puede ser vivida como metodología, como proceso de vida. Tener momentos temporales de soledad en la vida cotidiana, momentos de aislamiento en relación con otras personas es fundamental, y se requiere disciplina para aislarse sistemáticamente en un proceso de búsqueda del estado de soledad.
Mirada como un estado del ser –la soledad ontológica–  la soledad es un hecho presente en nuestra vida desde que nacemos. En el hecho de nacer hay un proceso de autonomía que al mismo tiempo, de inmediato se constituye en un proceso de dependencia. Es posible comprender entonces, que la construcción de género en la mujeres anula algo que al nacer es parte del proceso de vivir. Al crecer en dependencia, por ese proceso de orfandad que se construye en las mujeres, se nos crea una necesidad irremediable de apego a los otros.
El trato social en la vida cotidiana de las mujeres está construido para impedir la soledad. El trato que ideológicamente se da a la soledad y la construcción de género anulan la experiencia positiva de la soledad como parte de la experiencia humana de las mujeres. Convertirnos en sujetas significa asumir que de veras estamos solas: solas en la vida, solas en la existencia. Y asumir esto significa dejar de exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia; dejar de conminar a los demás para que estén y vivan con nosotras.
Una demanda típicamente femenina es que nos "acompañen" pero es un pedido de acompañamiento de alguien que es débil, infantil, carenciada, incapaz de asumir su soledad. En la construcción de la autonomía se trata de reconocer que estamos solas y de construir la separación y distancia entre el yo y los otros.




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Dra. Esperanza Cerón Villaquirán, MD
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martes, 14 de agosto de 2012

Perdonen el abandono

Me excuso conmigo y con mis lector@s por la ausencia. Ando toda feliz, y todo está fluyendo: me mudé. Solo eso. Y todo eso. Mi reflexión más fuerte de estos días ha sido el valor del territorio. Trabajo en eso, con las comunidades, defendiendo territorios colectivos. Pero estos días han sido epifánicos para mi en términos de los territorios nuestros, los que nos habitan para hacernos como somos. Pasé de un nomadismo obligado y frustrante en donde me atrapó el tiempo, a una estabilidad armoniosa y rápida. Me tomo 4 días hacer una casa con cuadros, lamparas, decoraciones, flores y frutero. Ha sido un momento tan próligo y prolífico que hasta nuestra gatita Leia parió 5 gatitos.

Y he pensado y sentido profundamente los dolores ajenos: de los desplazados por la violencia, de los damnificados por los inviernos, de los embargados que pierden la casa. He sentido la alegría de mi casa, la MIA, en la que todo se hace con mis reglas, y por supuesto, las de los chicos. He sentido una intensa paz de saber que cada cosa tiene un lugar, y he podido contrastarla con la desesperación de los meses previos en los que no quería ni quedarme allí en los fines de semana...no quería estar en un espacio obligado y ajeno...

Y he concluido que la casa de alguien, el lugar que considera su hogar es indispensable para la estabilidad emocional. Aún los nómadas voluntarios de los que pasan frecuentemente por nuestro barrio en Getsemaní han decidido que su hogar es su vehículo, y lo hacen propio. El humano crea territorio y ese territorio lo habita. Sin ese territorio no es la persona correcta, no encuentra paz, no se tranquiliza, no se sana, no se entiende.

Somos nuestro hogar. Y le doy miles de gracias a la vida porque siempre lo supe pero lo había olvidado, y a veces no tener es la mejor forma de valorar. Fui muy infeliz durante estos meses, no sabía que tanto. Mi carga energética se modificó tanto que hasta me enfermé. Y todos nos volvimos tóxicos. Ahora tenemos de nuevo una casita pequeñita y coqueta que compartir con todos. Cuando quieran parar por aquí, por favor háganlo. Estamos orgullosos de nuestro hogar y de la felicidad de tenerlo.